Dividir las propiedades de una familia puede ser muy complicado, especialmente si hay bienes importantes como casas, propiedades para renta, planes de retiro y pensiones, acciones, empresas, negocios, etc. Decidir quién se queda con qué puede resultar muy difícil, incluso si la situación es amigable. Pero, si tu divorcio es contencioso (hay conflicto entre ambas partes), la división puede ser especialmente complicada.

La división de los bienes no necesariamente tiene que ser calculada según su valor monetario actual, hay que entender cuáles son mejores para la estabilidad económica a corto y cuáles a largo plazo. Esto no siempre es fácil de distinguir sin un buen entendimiento del bien, su liquidez, costo e implicaciones fiscales en caso de venta.

Sin embargo, antes de continuar es importante mencionar la diferencias entre bienes propios y bienes mancomunados, y por qué éstas son de vital importancia. Esto es algo que mucha gente no comprende del todo.

En cada estado varían los detalles, pero en términos generales, los bienes separados son:

· Cualquier propiedad de cualquiera de los cónyuges adquirida antes del matrimonio.

· Una herencia recibida por cualquiera de los dos (antes o después del matrimonio).

· Un regalo recibido por cualquier cónyuge de una tercera persona (el anillo de diamantes de la madre, por ejemplo).

Los bienes mancomunados consisten de todos los ingresos y bienes adquiridos durante el matrimonio. En muchos estados, si los bienes adquiridos por separado aumentan su valor mientras se conlleva la unión, dicho aumento también es considerado. Sin embargo, algunos estados marcan una diferencia entre apreciación activa y pasiva al momento de decidir si un aumento en valor debe ser considerado como bien mancomunado.

Entonces, ¿cuál es la diferencia?

La apreciación activa se toma en cuenta cuando la contribución directa o indirecta de alguno de los cónyuges ayudó al aumento de valor de algún bien (por ejemplo, tu esposo ayudó a tu negocio aportando ideas y consejos, ayudaba con los clientes, se hacía cargo del hogar mientras tú trabajabas, etc.).

La apreciación pasiva es el aumento de valor que se da gracias a circunstancias externas, tales como la demanda y oferta o la inflación. Por ejemplo, si un terreno aumenta su valor aunque no le hayan hecho mejoras. Sin embargo, si usaron ingresos o bienes maritales para pagar la hipoteca y/o impuestos de dicho terreno, puede que se tenga un buen argumento de que la propiedad, o a menos su aumento de valor durante el matrimonio, debería ser considerada un bien mancomunado. Como puedes ver, las cosas pueden volverse muy complicadas. Contratar a un buen consultor financiero de divorcios puede ser muy útil.

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